miércoles, 3 de junio de 2009

EL HOMBRE Y SU QUIMERA (Para "El automóvil en la cultura", Radio Nacional, Buenos Aires, Argentina)

La tarde de verano se desmembraba muy lentamente, atrapando al hombre que no lograba dejar sus huellas sobre la vereda porque el calor asfixiante las evaporaba al instante. Le pesaban esos pasos cansinos realizados por la obligación de cumplir con un trabajo mediocre y mal remunerado que no hacía más que aumentar su desasosiego y su abandono.
Hasta que en una cuadra cualquiera, eso no importaba, vio un auto pequeño, viejo y solitario casi como él mismo que ostentaba el lacónico cartel de “Se Vende”. Se detuvo un instante frente a él y creyó ver su propia alma metálica, tan carente de esperanzas y tan repleta de pesares.
Surgió entre ellos un brillo extraño, inmaterial, absurdo. En el auto, reflejado en sus cristales sucios y deslucidos. En el hombre, sobre sus ojos claros y expectantes.
Era evidente, sin embargo, que algo tangente flotaba como un mágico halo en derredor de aquella escena surrealista robada a un tiempo distinto del nuestro. Nadie hubiera adivinado de qué se trataba, nadie hubiera podido dar crédito a un sentimiento surgido entre un hombre y una máquina...
Desde aquel día esperaban ambos el reencuentro diario y silencioso cimentado sobre la angustia de no saber cuándo el auto pasaría a ser propiedad de algún desconocido afortunado.
El hombre comenzaba a desesperarse, contando día tras día los ahorros que nunca llegaban a sumar la cifra estipulada. Cada día perdía los estribos cuando estaba por doblar la esquina de aquella cuadra, esperando encontrar el lugar vacío donde él había hallado su tesoro de lata.
Al cabo de unos cuantos días interminables y grises, el timbre de una casa sonó con inusual insistencia. Poco después el hombre que lo había oprimido, el mismo hombre prisionero de su quimera, salía de la casa como si hubiera estado trasponiendo la puerta de una cárcel imaginaria, llevando entre sus puños apretados los papeles que lo convertían en el dueño del auto.
Se aproximó a él. Fue como la ceremonia de un rito pagano donde algo, más allá del espacio, aceptaba aquella unión despareja y extraña.
El hombre abrió la puerta con el corazón palpitante, alerta.
Se sentó en el asiento sucio y deslucido, en realidad incómodo, mientras las llaves resbalaban entre sus dedos sudorosos negándose a girar en la danza de la marcha.
Al fin, con un rugido de triunfo, el auto viejo se puso en movimiento agradeciéndole al hombre por haberlo arrancado de su silencio, de su letargo obligado. Y el hombre...
Al hombre le crecieron ruedas y fue perdiendo sus pisadas.
Las manos se le hicieron volante-palanca-cambios y olvidó el sentido del tacto que dejó grabado entre sus nostalgias. Sus ojos se abrieron en pequeños parabrisas y se aunaron en el brillo de metálicas miradas. Desde ese momento el hombre dejó de ser solamente hombre y el auto dejó de ser solamente máquina.
El camino cotidiano astillado de rutina hacia su trabajo, se había transformado desde ese momento y como por arte de magia, en una explosión de anhelos cumplidos y senderos de esperanzas.

29 comentarios:

MAJECARMU dijo...

Es quimera, crítica, ironía y realidad..
El hombre presta su alma a las cosas y las quiere..llenan su pobre ego, que necesita tener para SER..!
Lo mismo da pobre que rico..Las cosas son importantes en la vida del hombre.Cosas que hemos de apreciar en su justa medida..para que no nos dominen..!
El hombre-níño necesita su "juguete"para danzar, correr y sertirse importante..!
Muy bien llevado con matices poéticos,que lo endulzan.
Un abrazo muy fuerte.
M.Jesús.

mari dijo...

Lili, me tocas el alma con este relato,me siento super identificada con el,no me da ninguna verguenza decirlo,tengo un coche que tiene 20 años,es mi Manolito, todos se empeñan en que lo cambie por uno mejor...¿ porque? si me lleva y me trae a todos los sitios,en momentos de urgencia siempre me ha correspondido, nunca me dejo tirada y si lo hizo fue por mi descuido, duerme todas las noches en la calle,y cada mañana arranca y me acompaña sin protestar asta el colegio de mis niños y luego a mi trabajo, se sigue quedando en la calle y el siempre me sigue acompañando, siempre sera mi Manolito asta que el decida dejarme...

Un besazo Lili...

Liliana G. dijo...

M. José has desmenuzado el cuento concienzudamente, cosa que te agradezco por la atención que te ha merecido. Así es amiga, el hombre necesita "tener para ser", pero a veces puede "ser sólo por el tener".
Las quimeras son como las utopías, parte de la vida, con la diferencia que las quimeras suelen alcanzarse y las utopías se pierden en pensamientos vanos.
Mil gracias.
Un beso muy grande.

Liliana G. dijo...

Mi querida Mari, me ha encantado tu historia con Manolito ¡claro que merece que lo tengas en consideración! ¿Para qué cambiarlo si te sirve y te has encariñado con él? Sos fiel a vos misma sin que te importe la opinión de los demás, éso vale oro, no lo dudes.
¡Adelante Manolito!
Gracias Marita, sos un sol.
Besos mil.

Linus dijo...

En todos estos relatos le confieres sentimiento y alma a los objetos, a la naturaleza... Eso habla de tu compromiso con la vida y con todo lo que la rodea, sin distinciones ni argumentaciones que mancillen esta comunión que tienes con ellos.
Una vez más, ha sido un placer leerte.
Un fuerte abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Vuelvo a su lectura Liliana. Es profundo, tiene mucha vida interior el relato.

La verdad es que es muy curioso. Muy curioso.

Un abrazo.

Liliana G. dijo...

Es interactuar con el entorno Linus, una especie de juego donde se pueden poner muchas cartas sobre la mesa imaginaria de la vida.
Muchas gracias, amigo.
Un cariño grande.

Liliana G. dijo...

Javier ¿lo has leído más de una vez?
Notable, amigo.

Además me resulta curioso que te resulte curioso... valga el juego de palabras.

Te lo agradezco infinitamente.
Un fuerte abrazo.

Charly T. dijo...

La tuya es una forma muy particular de tocar un tema. Por un lado la realidad se demuestra en forma tangible, en casos cotidianos y verosímiles, y por el otro los ingredientes agregados, como las metáforas, el pensamiento mágico y hasta la poesía, se unen armoniosamente para dar como resultado un buen relato...
Éste es el caso de "El hombre...".
Muy bueno, deja pensando.
Besos.

Liliana G. dijo...

Hola Charly, pasa que justamente son esos agregados a la realidad lo que dan forma al cuento en sí mismo. El relato se nutre de la fantasía aunque tenga una base en la realidad.
Muchas gracias, amigo.
Cariños.

Nirvana dijo...

Realmente notable la forma de encarar este relato, y lo notable radica en que justamente el pensamiento mágico logra el rango de realidad porque está escrito con naturalidad.
Me gustó mucho.
Muchos cariños.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Pues sí, me resulta curioso, ya que lo has escrito, como dice el título para o por un fin concreto. Dedicado a o por.

Pero utilizas en tu narración conceptos poco habituales.

Después de volver a su lectura, debo felicitarle Liliana, y doblemente.

Es muy creativo.

Un abrazo.

Liliana G. dijo...

Nirvana: Quizás la magia radica justamente en que no se note que hay magia. Es decir, si el relato fuera como un cuento de hadas o de duendes llanamente, perdería todo interés, por lo menos para nosotros los adultos.
La magia oculta tras una realidad manipulada, atrapa infinitamente más que aquélla.

Muchas gracias por tu tiempo y tus palabras.

Un beso grandote.

Liliana G. dijo...

Es verdad que lo he escrito para un fin, Javier, fue una colaboración para un programa cultural con el nombre que figura arriba.
Se me pidió un relato que hiciera referencia, como es obvio, al automóvil. Ése fue el disparador.

Cuando me siento a escribir no pienso en el argumento, tiene que surgir solo o no surgir, así de simple.

El tema (el automóvil) me pareció frío e impersonal, cualidades con las que no comulgo como bien sabés. Por lo tanto traté de aunar la máquina (fío/impersonal) con el hombre (vida/sentimientos), quizás sean estos los argumentos poco habituales que has hallado (corregime si me equivoco).

Bueno, así surgió este cuento. Es cierto, y perdón por la falta de modestia, que en ese momento todos quedaron maravillados, cosa que nunca terminé de explicarme como no lo hago ahora luego de leer los encendidos comentarios que generó.

Te vuelvo a agradecer Javier, de todo corazón, primero por haberle dedicado tu tiempo y segundo porque me has hecho pensar en este relato, cosa que no había hecho.

¡Gracias! Un gran abrazo.

Antoñi dijo...

Es como una parábola moderna, donde el hombre se adhiere a la maquina personalizando su crecimiento, dando sentido a su lucha. Todo adquiere sentido cuando una ilusión pequeña con el producto de su esfuerzo se hace realidad. Es así la vida desde las cosas más pequeñas, que ante los ojos de los demás no tienen importancia...
Mucho mensaje en tu relato, y mucho conocimiento del alma humana muestra a través de sus letras, con una maestría genialmente usadas, haciendo su lectura muy visual, entretenida y bella....

Me gustara venir por aquí, seguro

Besos, Antoñi

I AM dijo...

Me ha encantado tu historia, gracias por invitarme a tu nuevo blog
Besos

Liliana G. dijo...

¡Bienvenida Antoñi! Es un gusto enorme que estés conmigo.
¡Has dado en la tecla, amiga! Eso que decís es lo que justamente que quise decir: demostrar que se puede trascender desde abajo, que las pequeñas metas se pueden ir alcanzando hasta llegar a las más importantes.
¡Mil gracias Antoñi!
Un beso grande.

Liliana G. dijo...

Y a vos I AM ¡Gracias por venir a hacerme compañía y por dejarme tu comentario!
¡Bienvenida, amiga!
Un beso enorme.

Anónimo dijo...

Muy buen relato Lili. Ya lo conocía pero no quería dejar de decírtelo públicamente.
Recuerdo cuando Georgette Grayeb lo leyó en radio, estaba encantada.
Mis felicitaciones una vez más.
Muchos cariños.
Marcos

Liliana G. dijo...

¿Te acordás Marcos? No lo puedo creer. Jajaja
Muchas gracias querido amigo.
Un fuerte abrazo.

Carrachina dijo...

Liliana me uno a tu nuevo blog que es muy prometedor, me encanta esta Historia porque le das Humanidad a un auto y eso es muy interesante, a veces me parece que nos estamos convirtiendo en máquinas... todo tan rutinario y sin sentimientos bellos.
Pero para eso nos tenemos , para compartir bellos relatos que transformen nuestras ordenadas vidas.
Un beso Liliana y como decia mi profesora buena en la Argentina, porque tuve una mala que me menospreció, pero esa no cuenta.
Te felicito.

Liliana G. dijo...

¡Bienvenida Esther! ¡Qué alegría me das querida amiga!
Así es, nos automatizamos tanto que perdemos de vista lo que nos queda de humanos.
¡Gracias!
Un beso gigante.

Isabella López Muñoz dijo...

Hola Liliana te he encontrado por casualidad, pero me alegro que la fortuna me haya traido hacia tus letras.
es un placer leerte, un bss desde el otro lado del mundo.
Te sigo

Liliana G. dijo...

La casualidad a veces nos deja pasmados, también me alegro que estés aquí.
Bienvenida Isabella.
¡Gracias!
Un cariño.

Laury dijo...

Hola Liliana, ya me sume a tu nuevo blog, que me parece encantador, asi que por aqui estare pasando tambien. Un besote.
Lau.

Liliana G. dijo...

¡Hola Laury! Es un placer encontrarte aquí. ¡Bienvenida!
¡Muchas gracias, amiga!
Un besote, nos encontramos.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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