
Calle del Alma, otoño de 2007
Querido mío:
Yo sé que tendría que haber escrito esta carta hace tiempo, pero en realidad no podía encontrar las palabras más eximias para expresarte lo que siento.
Hoy en cambio, despliego las alas de mi corazón dormido y echo a volar mi amor por ti de la manera más simple pero a la vez más pura. Porque aunque no lo creas, ahora que los años pulieron mi lenguaje primigenio, ahora que soy dueña del tiempo porque el pasado ya no me duele, sólo ahora me siento libre para decirte cuánto te amo.
Y hablando del tiempo, quiero que sepas que a causa de mi desesperación por no tenerte perdí uno a uno mis recuerdos, y en la maraña que fueron tejiendo esos años, quedé enredada para siempre en el murmullo de tu voz, en la caricia de tu mirada y en el calor que irradia tu nombre cuando al pronunciarlo lo hago mío.
Ésta es la magia de escribir una carta, todo lo que digo me pertenece.
No te puedo negar que a veces te fui infiel aunque más no sea con el pensamiento. ¿Pero qué podía hacer? Mientras tú construías tu vida a lo lejos, yo debí conformarme con la compañía de una ilusión.
A pesar de todo viví con la esperanza de que algún día el abismo que nos separaba se convirtiera en el camino que uniera nuestras fronteras. Y aquí estoy, diciéndote lo que siento sin tapujos sólo porque intuyo que no leerás esta carta, simplemente porque no sabría dónde mandártela. Hay lugares que no tienen dirección y ocupan solamente el espacio del amor.
Me dijeron que tu felicidad se truncó antes que la mía. ¿Será cierto? Si es así tal vez estés a tiempo de escuchar el latido impetuoso de mi corazón, si no lo es, volveré a quedarme sola embebida en la nostalgia de perderte para siempre.
Te amé y te seguiré amando aunque nunca lo hayas sabido, aunque se me acabe la vida de tanto repetirlo y aunque las noches sean sólo el maquillaje ajado de mi dicha.
Desde el alma, para ti, donde te encuentres.
Eugenia