Se sintió el pasajero de sus propios sueños y no pudo evitar que un nudo le oprimiera la garganta ni que una lágrima le nublara la visión. Pero, recomponiéndose, comprendió que necesitaba estar mejor que nunca para abrazar, junto a su familia, la historia de aquel equipaje de vida que llevaba prendido a su alma de niño.
Y allí estaba ahora, con el océano debajo de aquellas alas, las del avión o las suyas, eso no importaba, cualquiera de las alas que lo llevara a su destino serían las adecuadas.

