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lunes, 7 de junio de 2010

ÁLVARO Y YO


La cabaña es íntima, acogedora, invita a perderse entre los vericuetos del placer. Y nos perdemos, así, sin más prolegómenos que la pasión que nos consume, como una hoguera fuera de control donde no nos importa morir abrasados.

Álvaro apaga los móviles, dejándolos caer sobre la alfombra. Me toma por la espalda mordiéndome suavemente el cuello, sabe que este juego me enardece hasta los límites de la desesperación. Me doy la vuelta y lo beso apasionadamente enredando mi lengua a la suya, dentro de su boca, al tiempo que le desabrocho la camisa, el pantalón y el alma…

Las manos de él se escapan bajo mi falda perdiéndose entre mi sexo, lo recorren, se detienen de improviso, intentan hacer noche en su tibieza. Me entrego sin reservas, incapaz de contenerme, simplemente porque no quiero. Todo se acelera, los movimientos, los gemidos, el sudor que barre nuestra desnudez reflejando su brillo sobre la piel.

Cuando la excitación puede más que el juego mismo, el placer estalla entre nuestras piernas y el doble orgasmo rasga la noche, mientras, aferrada a su cintura, acabo la carrera junto a él, tocando el cielo hasta donde he llegado y descendiendo hasta el infierno de nuestra lujuria. Los leños de la chimenea se quedan envidiando nuestras propias llamas que hoy son inmensas, eternas y sin retornos.

lunes, 17 de mayo de 2010

EL JUEGO DEL DESEO


Todos los días coincidían en el parque, cuando ambos volvían de trabajar. A principio se miraban a hurtadillas, pero al cabo de una semana, el descaro les había ganado la partida. Era un juego que disfrutaban sin reservas y los excitaba aún más que si se hubieran tocado. Él devoraba sus curvas, desnudaba sus pechos, se perdía entre sus piernas espléndidas, y gozaba con su fantasía. Ella, consciente del deseo que despertaba, lucía cada día escotes más sugestivos, faldas más cortas. Moría por él, pero también le gustaba jugar.

Había pasado un mes desde el primer encuentro, el invierno teñía de noche la salida laboral. Cada uno fantaseaba con el otro hasta el delirio.

Aquel día, cuando se encontraron cara a cara, se dieron cuenta de que ya les resultaba imposible no tocarse. Ni una sola palabra medió entre ambos. Pura complicidad. Cruzaron la calle hasta un hotel cualquiera. Cuando se desnudaron, dejaron de ser “ellos”. El juego había terminado.


Este microrrelato fue finalista del Concurso de microrrelatos eróticos de ArtGerust, entre un total de 1.385 trabajos validados por el jurado, y pasará a formar parte de la Antología que editará GERÜST CREACIONES, S.L. (Madrid, España)