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jueves, 24 de julio de 2014

AMOR PEREGRINO




Navegué una y mil veces a través del océano de mis penas, en el recóndito viaje que los sueños me proponían, aún cuando la vigilia, agotaba el paso de los días con la cadencia pendular de su triste repiqueteo.


Y en el crucero de la noche, allí donde el equipaje del dolor, se hacía carne en la ausencia, alcancé la costa de tus besos, que en el infinito vuelo de la memoria habían grabado sobre mis labios la impronta de aquel amor peregrino. Ahora que te he perdido para siempre, le mendigo al alba, otro viaje, con pasaje a tu recuerdo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

ENTRE LAS SÁBANAS

Antes de que despuntara el alba sentí tus manos bajo las sábanas recorriendo mis contornos con la avidez del caminante que espera encontrar una posada para pasar la noche a buen resguardo. Y allí llegaste, a las puertas de mi morada, que aún soñolienta se abrió para franquearte el paso y ofrecerte el cobijo que necesitabas. Los leños del hogar se encendieron sin dilates cuando tu boca hizo cima embanderando las alturas de mis pechos y el amanecer pugnaba sin éxito por ahuyentar a la luna que soñaba en nuestro lecho.

Fui el barro donde esas manos alfareras me dieron forma de mujer, desperdigando besos y caricias, fui el cristal donde se reflejaron tus pupilas ahuecando las distancias que desaparecieron entre murmullos, fui la roca que aguantó los embates de tus olas contra la orilla imperfecta de mi éxtasis y mi locura. Fuimos un solo cuerpo mimetizados entre las sombras, mientras la noche se desmayaba en su afán por emularnos.

Y así, cuando el rayo póstumo escindió nuestros cuerpos en el frenesí descontrolado que ya no admitía lentitud ni retornos, alcancé con mis manos el cielo y con mi suspiros el infierno, alcancé la luz y el ocaso, todo a un tiempo, mientras una gota de sol que se había escapado de su cautiverio, se posó sobre mi alma para avisarme que la gloria llevaba tu nombre. Desde esa noche separo en sílabas tu amor y analizo el predicado. El sujeto, aunque tácito, lo llevo dentro de mí.

domingo, 22 de agosto de 2010

LE CONTÉ AL ALBA...

Como cera entre mis manos el alba se convirtió en pájaro de fuego y agazapada en el horizonte se dispuso a escucharme. Y yo, que no sabía otra cosa más que hablarle a la vida, le conté de mis desvelos y de mis esperanzas.

Así supo de mi caminar sediento arrastrándome por la arena del desierto, mientras el espejismo de un oasis me alentaba a transitar hacia la nada, dejándome el alma seca y cicatrices abiertas que laceraban mi cuerpo como la punta de un látigo. También supo del salitre de mis lágrimas que se vaciaban una y mil veces en los mares de mis penas, empapando los recuerdos de otros tiempos y ahogando entre sollozos la nostalgia traicionera. No dejé de contarle del palpitar de mi corazón cuando él me hablaba, ni del color del tiempo que anidaba en su mirada, espejos que no podían mentir porque reflejaban la pureza de su alma.

Y qué decir de mi soledad entre millones, si el alba no comprendía la esencia de las noches ni la bruma que se escapaba de su boca, sólo sabía del rocío que perlaba los capullos de las flores, desparramando luz sobre la hierba diamantina. Tanto le conté de mis sueños y de mis cantares, que sin querer se fue durmiendo mientras yo me despertaba saboreando mi presente que no era otra cosa que la magia de seguir viviendo, atrapada para siempre, entre sus brazos.

jueves, 4 de febrero de 2010

LUNA DE MIS NOSTALGIAS

La luna se acurrucó en mi cama y arropada con tu nombre acarició las prominencias de mi alma y los abismos de mis ausencias.

Besó, como un amante eterno, mis párpados entornados que olvidaron los sueños para ser fantasmas de las horas muertas.

Tanteó a ciegas la almohada vacía, ésa que de tu lado dejaba entrever que me hacías falta, y con un destello plateado acomodó su luz entre las sábanas blancas de mis nostalgias que se perdieron para siempre llorando entre las penas.

viernes, 25 de diciembre de 2009

PARA TI, AMIGO...


Grité a los cuatro vientos y el silencio me devolvió sólo un eco de estrellas. Con el infinito a cuestas quise recostarme en el olvido, pero mis recuerdos abrieron una brecha de sangre entre las venas desiertas de los días y las esperas.

Y allí me di cuenta que no existía ni el silencio, ni el olvido. Que el silencio habita las palabras y el olvido apenas es un borrón de la vida. Que los ecos trascienden las estrellas y que el infinito me trae la magia de las distancias sin barreras.

Porque mis versos son como el agua cayendo desde el cielo, besan la tierra, recorren senderos, riegan el alma y te dejan abrevar en sus riberas.

¡Por ti escribo, para ti son mis poemas!

lunes, 7 de diciembre de 2009

QUISE SER...

El alba me esperaba para contarme tus penas, ésas que lloraban rocío sobre los rosales de tu alma. Entonces, porque te amo, quise ser sueño para meterme en tu cama y quise ser brisa para acariciarte a escondidas entre el resplandor del sol y las sombras de tus sábanas.

Quise ser paloma para comer de tu mano, y sólo labios para besar tus ojos cerrados de despertares y de esperanzas.
Quise ser mariposa para rozarte con la suavidad de mis alas, y risa para alegrarte con el sonido de mil campanas.

Quise ser tantas cosas para que no dejaras de amarme, que al final fui sólo una: sólo mujer, sólo tuya…

lunes, 23 de noviembre de 2009

ENCUENTRO

La noche cómplice acalló sus pasos que se durmieron entre un colchón de hojas. La luna le prestó la luz y la magia, la brisa lo acarició como una amante rodeándolo con sus manos ávidas de encantos.

Finalmente, el hombre se detuvo a un costado del sendero y esperó pacientemente hasta que una silueta de mujer llegó, como una estrella fugaz, a su encuentro.

Cuando la lírica de su amor clamó por besos, la luz se convirtió en fuego y consumió al hombre en un mar de deseos. Dos se hicieron uno, bajo la luna de enero.

miércoles, 21 de octubre de 2009

ALBA TRAICIONERA

Me duele el alba sólo porque la noche se duerme en otra cama privándome de caricias e ilusiones. Y allí te quedas, entre los pliegues de las estrellas y sus luces, esperando como yo, que el día no despunte y quede atrapado entre el velo de su bruma.

Porque tus sábanas son mares de eternos horizontes, y tus manos, barcazas que recorren la plenitud de mis distancias.

Porque tus ojos son espejos que reflejan los destellos de mi alma cuando el infinito se cansa de beber en tu mirada. Y tus besos… tus besos tienen la fragancia húmeda de los bosques donde me pierdo gustosa de pasiones encontradas.

La noche vive en tu lecho, por eso me duele el alba.

jueves, 8 de octubre de 2009

OTOÑO EN MÍ


Vi caer las hojas en otoño y pinté de ocre la tela del horizonte. Un viento traicionero robaba sus mariposas al árbol y elevaba al cielo los secos despojos de un verde perdido para siempre. Todo fue color del tiempo, menos la lírica del verso que se negaba a volar junto a las hojas y se quedaba aquí abajo en el dulce remanso de la tierra parda.

Como una maga de estaciones desiertas elevé mi mirada hacia las alturas póstumas, encontrando entre el cielo y el mar, un canto de faunos olvidados. Aquí y allá morían las hojas como pájaros sin mañanas, pero en la mirada soñadora que mi corazón le obsequiaba al otoño, encontré finalmente el beso de la aurora. Y con el beso desanduve las distancias de macilentos pasados en pos de inciertos inviernos. Me amarré como un marinero a su barco en medio de la tempestad mientras el estruendo de las olas ahogaba el dulce canto del mar.

Hurgué como una niña en un horizonte sin penas entre las hojas de los árboles que se arremolinaban con el viento y regresando de mi viaje toqué suelo dejando para siempre mis pisadas en el lecho mágico de este día de otoño.

jueves, 24 de septiembre de 2009

DECIR AMISTAD


Tanta distancia los separaba que cambiaron el océano por estrellas, y se acercaron sin saberlo hasta que se acariciaron el alma como ángeles sin alas o vientos de quimeras.

Ni siquiera se dieron cuenta cuando finalmente se encontraron y no se reconocieron. Sin embargo algo les decía a cada uno, que el otro estaba tan cerca, que con sólo estirar la mano se reunirían en el mágico mundo de la espera, un mundo que muy pocos conocían porque en él se había plasmado el nacimiento de una amistad absolutamente incondicional donde los kilómetros eran versos jalonando caminos de poemas.

Y entre el oleaje de emociones desatadas, acampó la vida sin darles tregua, el viento les trajo las palabras y las palabras les trajeron mares que no eran de agua, ni de penas. Eran de personajes plasmados en una excelsa novela, eran mares de ilusiones donde se dormían los renglones entre guitarras criollas y españolas castañuelas.

miércoles, 19 de agosto de 2009

LE CONTÉ AL ALBA...


Como cera entre mis manos el alba se convirtió en pájaro de fuego y agazapada en el horizonte se dispuso a escucharme. Y yo, que no sabía otra cosa más que hablarle a la vida, le conté de mis desvelos y de mis esperanzas.

Así supo de mi caminar sediento arrastrándome por la arena del desierto mientras el espejismo de un oasis me alentaba a transitar hacia la nada, dejándome el alma seca y cicatrices abiertas que laceraban mi cuerpo como látigos. También supo del salitre de mis lágrimas que se vaciaban una y mil veces en los mares de mis penas empapando los recuerdos de otros tiempos y ahogando entre sollozos la nostalgia traicionera. No dejé de contarle del palpitar de mi corazón cuando él me hablaba, ni del color del tiempo que anidaba en su mirada, espejos que no podían mentir porque reflejaban la pureza de su alma.

Y qué decir de mi soledad entre millones, si el alba no comprendía la esencia de las noches ni la bruma que se escapaba de su boca, sólo sabía del rocío que perlaba los capullos desparramando soles sobre la hierba diamantina. Tanto le conté de mis sueños y de mis cantares, que sin querer se fue durmiendo mientras yo me despertaba saboreando mi presente que no era otra cosa que la magia de vivir soñando.

viernes, 31 de julio de 2009

Y FUI TIERRA





Desde adentro de las casas escuché en silencio el llanto desesperado de los trigales que se ahogaban entre las nubes de tierra seca que ya no alimentaban las raíces mustias en sus entrañas. Escuché a los árboles desprenderse de sus hojas y a los pájaros huir de los polvorientos nidos. Escuché a las flores silvestres cuando se marchitaban en los bordes del camino y a la hierba que se calcinaba tapizando de ocre el campo triste, que de a poco, estaba muriendo.

Quise compartir la esperanza de los ciegos y salí a caminar entre aquellos senderos que se habían borrado cansados de esperar que alguna huella marcara sus sinuosas curvas minerales y ahora recibían mis pasos con la dureza del que no se da por vencido. Caminé en línea recta casi dos horas al cabo de las cuales me encontré nada más que entre el cielo y la tierra. Allí alcé los brazos en un primigenio gesto de plegaria y el viento se llevó mis oraciones a los confines del horizonte, allí donde el alambrado de púas le arrancaba un ramillete de sangre al magistral ocaso, susurrándole al sol que el hombre le pedía una tregua que le permitiera salvar su cosecha.

Al fin alguien escuchó mis lamentos. ¿Dios? ¿El viento? ¿Los espíritus antiguos de la Madre Tierra, o simplemente eran los ecos de mi corazón palpitante que atronaban el espacio desierto? Un silbido agudo rompió la calma elevando el polvo hacia las alturas mientras los trigales, mis trigales, comenzaban la danza desenfrenada de las tormentas justo cuando las primeras gotas espesas arrancaban al suelo el acre vaho de la tierra húmeda.

¡Oh, la delicia de los sueños platinados con los espejos de la lluvia! ¡La nutriente salvadora de los fecundos vergeles de mi patria! El gris plomizo del cielo resultó la cuna de los anhelos más profundos de mis trigales que recibían, como un elixir de gloria, el agua que se escurría de a poco hacia sus raíces sedientas, aquellas raíces que casi habían perdido sus esperanzas. Y allí, en medio del prodigio divino, salpicada de barro, con las briznas de hierba pegadas al cuerpo, lloré... y mis lágrimas se unieron a aquel universo de gotas, arrastrando la gratitud de mis ancestros hasta el vientre palpitante de mi tierra.

miércoles, 22 de julio de 2009

FANTASMAS DE BUENOS AIRES


¿Te acordás Buenos Aires del guapo y del farol, del tiempo aquél donde cada flor era un poema y cada esquina un tango triste con bandoneón de arrabal?
Vení conmigo, te invito a soñar…



Ciudad temperamental, desordenada, nuestra… dejame que hoy encienda la llama almibarada de la nostalgia y desnude parte del pasado que se quedó acurrucado entre tus senos, esperando que alguien como yo lo descubra con su canto. Porque, no lo dudes, es un canto volver a escuchar el pesado traqueteo del tranvía sobre los relucientes rieles que hoy yacen bajo su tumba de cemento, asomándose en algunos casos como parte de un osario irreverente. Es un canto volver a escuchar, desde aquella niñez que ya se escapó de entre mis manos, los ronquidos de las chatitas destartaladas que se cuidaban como reliquias porque eran el capital inapreciable del trabajo.

¡Qué decir de los camiones! Empachados de adornos, luciendo con orgullo los arabescos de un fileteado sin fin, junto al plateado rutilante del niquelado y que hoy duermen el sueño eterno de la herrumbre. Automóviles negros, aparatosos, nobles, que como insectos gigantescos recorrían las calles protestando verdades al empedrado indiferente. Y aquella enorme luna de verano detrás del cementerio, cuando los viejos del barrio contaban mil historias y ningún cuento, mientras el ulular de las lechuzas entonaba la noche en un marco perfecto para que salieran los fantasmas que eran solamente fantasmas del recuerdo.

Sigo atisbando en mi memoria y aflora al instante ese cúmulo de espectros ya sin cuna, ya sin penas, y a través de los cristales tornasolados del tiempo se deshacen en un prisma alegórico robándole al presente un instante de gloria.

Este halo que te envuelve Buenos Aires, lo añora el poeta y el malandra. Rodando se fueron aquellas reliquias, rodando se fueron y no volverán. Prepara el futuro su propia coartada barrenando los datos del hoy al pasar, porque a pesar de todo no se irán estos recuerdos como no se fueron los otros, y en la celada del tiempo, nuevamente todo volverá a comenzar.

jueves, 9 de julio de 2009

LA ESPERA


Espero…
Y mientras espero veo pasar la vida como quien ve pasar el tren de la mañana, todo ilusión, que se va diluyendo a lo largo del día para morir por fin en brazos de la noche.

Gente que va y que viene con sus historias a cuestas, algunas cargando su cruz, otras caminando sin que la levedad de sus pies le permitan tocar el frío asfalto de este invierno porteño. Amalgama imposible de definir en sus rostros multifacéticos, en sus ojos tornasolados por el crisol de las razas y el tiempo.

Es bueno esperar. Es bueno mirar y ver…
Detener la marcha es un privilegio en una ciudad devoradora de hombres y de esperanzas. Aprovechar ese privilegio es caminar agotando la inmovilidad de un momento único y esquivo, tratando de que se quede prendido como un abrojo a la memoria de las Letras.

Hasta que la espera termina, como todas las cosas a las que estamos acostumbrados. El tren está próximo a mancillar la estación del ocaso con su avasallante transitar de penas. Y yo aquí, olvidando la espera que se me ha escapado de las manos con la nostalgia de las cosas perdidas, que mañana serán sólo el recuerdo de este día en que me pude detener e igualmente seguí viviendo.